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Enfermedad de Alzheimer

La enfermedad de Alzheimer afecta a la memoria, al pensamiento, al carácter y al comportamiento. Aunque afecte en su mayoría a los mayores, no es un elemento normalizado del envejecimiento de las personas.

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La enfermedad de Alzheimer es la forma más común de la demencia, representando alrededor del 80% de los casos. Con demencia describimos una serie de síntomas tales como la pérdida de memoria, la confusión, la desorientación en el espacio y en el tiempo, los problemas con el habla, la escritura y la lectura. Todo ello afecta de forma severa a la vida normal de la persona enferma.

Es una enfermedad incurable. Las condiciones intelectuales perdidas no se recuperan. Y con el paso del tiempo, la persona empeora necesitando de más apoyo y cuidados. Las terapias farmacológicas junto con las de estimulación cognitiva permiten retrasar el avance de la demencia. Por ello es necesario un diagnóstico temprano.

¿Qué es la enfermedad de Alzheimer?



Las demencias en general, y la de tipo alzhéimer en particular, se caracterizan por el deterioro progresivo de las capacidades mentales de las personas que las padecen, impidiéndoles paulatinamente realizar de una forma autónoma e independiente sus actividades de la vida diaria llegando a una total dependencia.

Se desconoce la causa, por lo que es imposible prevenirla y de momento, tiene difícil tratamiento, aunque llevándose a cabo lo antes posible puede aliviar síntomas y proveer una mejor calidad de vida para enfermos de alzhéimer y familiares.

¿A quién puede afectar?



Tanto a hombres como a mujeres y con una mayor probabilidad cuanto más edad tenga la persona. Se calcula que un 10% de los casos son menores de 65 años. Solo en España existen 800.000 personas con esta enfermedad neurodegenerativa, que también constituye una enorme carga psicológica, física y económica para los familiares que están a cargo.

Síntomas del alzhéimer



Hay una serie de señales que nos pueden hacer sospechar de la aparición de la enfermedad de Alzheimer. La persona puede experimentar una o varias de ellas en diferentes grados:

  • Pérdida de memoria, fundamentalmente de los recuerdos más recientes, que dificulta la vida diaria.
  • Dificultad y falta de concentración en plantear y resolver situaciones cotidianas.
  • Dificultad para la realización de tareas habituales en el hogar, en el trabajo o en el tiempo de ocio.
  • Desorientación en el tiempo o lugar.
  • Dificultad en la comprensión visual, que afecta a la lectura, al reconocimiento de figuras, colores u objetos.
  • Problemas en el uso y compresión del lenguaje, tanto hablado como escrito.
  • Dificultad en el manejo y colocación de objetos habituales.
  • Dificultad en la toma de decisiones que afectan a situaciones de la vida diaria.
  • Pérdida de la iniciativa en las actividades comúnmente realizadas por la persona.
  • Frecuentes cambios de humor y personalidad.

Las pérdida de habilidades intelectuales va asociada al envejecimiento y eso no significa que la persona desarrolle algún tipo de demencia. Pero cuando esta pérdida no es ocasional sino que va prolongándose y aumentando en el tiempo, es necesario acudir al especialista para obtener un diagnóstico. El neurólogo es el especialista que debe examinar y valorar a la persona, dando por tanto un diagnóstico fiable respecto a si está desarrollando una demencia y valorando su tipo. En ese momento es cuando debemos comenzar el tratamiento farmacológico más adecuado para el enfermo en colaboración con otros especialistas, tales como psiquiatras y geriatras, para ajustar en lo posible la medicación.

También se debe acudir a terapias de psicoestimulación cognitiva, impartidas por psicólogos y terapeutas ocupacionales, las cuales han demostrado que permiten retrasar el deterioro de las personas afectadas por demencia.

El apoyo familiar al enfermo es muy importante. Pero para que este apoyo sea efectivo, es necesario que los cuidadores y el entorno familiar busquen ayuda e información que les permita sobrellevar adecuadamente la evolución de la enfermedad, pues no hay que olvidar que la demencia no sólo afecta a la persona que la padece, sino que también produce un cambio drástico en la vida diaria de la familia que convive con el paciente.